Pablo de la Riestra: singularidades y aberraciones en la arquitectura

Con una mirada personal, sin concesiones y alejado de lo políticamente correcto, el Doctor en Historia de la Arquitectura Pablo de la Riestra brindará una charla el jueves 5 de marzo a las 19:30 hs en el auditorio del Colegio de Arquitectura de Rosario bajo el título “Me duele la arquitectura”. En diálogo con La Gaceta Arquitectura explica a qué alude esa afirmación y anticipa algunas de las obras que analizará en su exposición.

por La Gaceta Arquitectura

El próximo jueves 5 de marzo a las 19:30 hs., Pablo de la Riestra -Doctor en Historia del Arte y la Arquitectura radicado en Nuremberg, Alemania- volverá a visitar Rosario, su ciudad natal, para brindar en el auditorio del Colegio de Arquitectura de Rosario que se anticipa como “un alegato apasionado sobre historia, patrimonio, conservación, ideologías y culpabilidades”. 

Pablo de la Riestra es historiador, dibujante y fotógrafo de arquitectura. Nacido en Rosario y graduado como Profesor de Artes Visuales, desarrolló y amplió su formación en Alemania, donde obtuvo su título de Doctor en Historia del Arte y la Arquitectura por la Universidad de Marburgo. 

Radicado desde hace 40 años en Nuremberg, trabaja en el abordaje histórico de la arquitectura alemana -en particular el gótico- mediante el registro escrito, el dibujo y la fotografía de edificaciones de esa corriente distribuidas por el centro de Europa, y también de la arquitectura colonial de Brasil, país al que visita al menos una vez al año.

El año pasado, en una de esos viajes, presentó en el Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Rosario la muestra “Arquitectura Dibujada”, una serie de miniaturas de dibujos de edificaciones del centro de Europa. 

En esta oportunidad, la charla del próximo jueves consta de observaciones  de Pablo de la Riestra sobre reconocidas obras edilicias de la historia de occidente y algunas edificaciones modernas cuyas imágenes se proyectarán en la pantalla del auditorio. 

En diálogo con La Gaceta Arquitectura, De la Riestra reconoce que el título de la charla -“Me duele la arquitectura”- deja en claro que se trata de un abordaje subjetivo de las obras que analizará, pero que esa afirmación exige, como mínimo, una argumentación.

“No es que me duela la arquitectura en sí, sino el trato que le damos a los edificios existentes, a los conjuntos históricos, y a los edificios individuales”, nos explica, y comienza a anticipar algunos ejes de su exposición.

—La charla será sobre la historia de la arquitectura y pondré el foco en lo complejo que significa el cuidado de los edificios, que es algo que requiere plantearnos interrogantes como para qué se los conserva, por qué no se los conserva, por qué se los maltrata, por qué se los renueva, y por qué se los resignifica. 

Y sumemos, a todo esto, la cantidad de bloqueos mentales que hay en torno a los motivos por los cuales se hace una cosa o se deja de hacer. 

Y este abordaje no puede soslayar una historia de la arquitectura que está escrita en una forma muy parcial, con una cantidad de prohibiciones, con la consideración de que algo es importante porque “lo clásico es mejor que lo otro”, y porque las opiniones de gente importante tienen un peso muy grande. La charla es subjetiva y, por supuesto, en mí juega un valor muy grande lo que yo entiendo por bello. 

—Podemos decir que vas a exponer una mirada personal que no ahorrará en cuestionamientos, que no será políticamente correcta para los parámetros de la historia de la arquitectura…

—De algún modo será así. Voy a ser prudente en el vocabulario y seré cortés, pero no correcto políticamente. Porque también hablaré sobre los que son considerados arquitectos o artistas delincuentes, por qué queremos negar sus obras apelando a motivos que humanamente son legítimos pero que no cambian en absoluto la calidad de lo que hicieron. 

Me refiero a esa imposibilidad de separar la moral de la calidad arquitectónica o artística, que es una cosa que considero un error, porque hay gente muy indeseable que, sin embargo, ha hecho cosas muy importantes y únicas. 

Hablo, por ejemplo, de Bernini como delincuente, que es odiado por las feministas porque encargó a un tipo que desfigurara a su amante porque había estado con su hermano. 

Y también hablo de por qué no podemos apreciar o cuestionar las obras del arquitecto Alfred Speer y de la cineasta Leni Riefenstahl, pese a haber trabajado para el nazismo. 

También planteo por qué tenemos que defender la diversidad y no creer que todo está referido al parámetro clásico o del renacimiento italiano. 

Se trata de poner una cantidad de cosas de la historia de la arquitectura en signos de interrogación y empezar a contar los shocks que he tenido oyendo diversos historiadores o conservadores de monumentos sobre por qué no ponen la mano en una obra y sí lo hacen en otra. 

Es un cuestionamiento bastante radical de la idea que tenemos de la historia, que es muy complicada porque son muchos edificios construidos en el mundo, y yo, a partir de eso, voy a mostrar ejemplos europeos y de Latinoamérica.  

De Buenos Aires, por ejemplo, yo planteo el tema de su patrimonio español, negado absolutamente como tal y devastado por la generación de fines del siglo XIX y la cantidad de operarios italianos que resignificaron esa arquitectura española transformándola en una cosa que hizo que Buenos Aires perdiera totalmente su valor como ciudad de arquitectura colonial.

—¿Podés anticipar las obras edilicias sobre las que hablarás en la charla?

—El orden de la charla lo va a dar la secuencia de imágenes de las obras. Comienzo mostrando fotos de obras poco conocidas y las contrasto con otras que son muy ponderadas. Por ejemplo, el claustro de una catedral gótica y el claustro de la consagrada Santa Maria de la Paz, de Donato Bramante. Con eso hago una comparación. 

El gótico no tiene ningún peso en la historia de la arquitectura, que está centrada en Italia. Y seguimos hasta hoy con la teoría de que el Renacimiento fue lo importante y lo formativo. Lo que hicieron fue codificar, escribir y teorizar lo que ellos hacían. 

La Edad Media fue una época muda, que no dejó ningún testimonio de lo hecho, que fue muchísimo. Entonces, yo hago un contraste entre el gótico y el renacimiento. 

Luego mostraré la Catedral de León, en España, que sufrió una restauración purista que, aunque puede ser un poco comprensible, pone los pelos de punta. Y más aún, cuando conocemos lo que no quería hacer el conservador de la catedral, sus razones para no tocar el zafarrancho que se hizo en el siglo XIX con esa catedral. 

Después muestro un conjunto barroco en Río de Janeiro donde hace años se rompió lo neobarroco para volver a lo fransiscano. Luego el Panteón de Roma, de Bernini, que en el siglo XVII se le hicieron dos campanarios que luego los volaron para volver a su forma original. 

Y después sigo con una iglesia alemana gótica a orillas del Mar Báltico, para explicar por qué es importante esa obra y hablo sobre una modificación que se hizo.

Mostraré también la reconstrucción de una fachada en Nuremberg, con argumentos en contra y a favor en relación a los bombardeos que sufrió. Y luego, cuatro fotos de Hanover para plantear, en términos de conservación, que hay que rescatar la singularidad, respetar lo distinto, que sigan siendo algo especial de un lugar y de una época.

Y de Rosario muestro el edificio del Centro Unión Dependiente, de Micheletti, que a partir de la construcción del edificio de la Bolsa de Comercio (cuya obra no cuestiono) lo hicieron, justamente, “bolsa”. Ahí es donde me duele la arquitectura.